Caminaba en solitario y, mientras lo hacía, me preguntaba ¿es que a mí me conocen como yo quiero que me conozcan? Por un momento sentí el impulso de mezclarme entre esas ovejas simples, para sentirme, como ellas, al amparo del perro y del pastor, sin ataduras emocionales,
sin ataduras al fin.
Tanto afán, tanto sufrir por los que sufren, tanto intentar meterme en la piel de otras pieles, tanto, tanto, tanto... y sólo la extrañeza. La EXTRAÑEZA.
Pasan los años, la vida pasa. Nos pasa, y sigo intentado que me conozcan, que indaguen a través de esa coraza que las circunstancias imponen.
¿Somos lo que creemos que somos, para nuestro particular beneplácito, o sólo somos lo que los demás creen que somos? Ésta pregunta me la hago una y mil veces y nunca obtengo una respuesta convincente.
Una vez escribí, siendo muy niña: "Soy como un libro, abiertas cada una de sus hojas, para que puedan leerme, pero nadie lo ha hecho".
Un gran beso para los que intentan conocerme.
Carlos, amigo, me alegra mucho tu forma de ser y tu forma de sentir.
Foto mía.
0 comentários:
Enviar um comentário